Cuando el Sol viene a nacer,
lo sabemos gracias a la Luna,
que estando prendida al cielo con todas sus fuerzas
comienza su batalla inacabable.
No quiere esconderse,
y eso lo sabe el sol,
y no es un juego que disfrute jugar..
pero es él,
tan poderoso,
tan persuasivo,
tan cálido en sus comentarios
que por más que se sepa fría,
la luna, íntegra, no puede evitar
caer bajo el hechizo de sus encantos.
Y es cuando todo ha terminado,
cuando la batalla parece ya ganada
que vuelve la Luna,
y con complicidad picaresca
nos guiña desde las alturas,
para que comprendamos que
si ella no ha de rendirse,
nosotros tampoco.
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